Mostrando entradas con la etiqueta narración oral. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta narración oral. Mostrar todas las entradas

jueves, 1 de julio de 2021

Alícia en el bosque de las maravillas

 

Hi va haver un temps

Caminàvem tu i jo sols.

El bosc era casa.


Alícia Molina




Alícia Molina es narradora oral, actriz y filóloga catalana. Profesora de la especialidad de Artes Escénicas de la Escola Ginebró, y entre otras tantas andanzas,  creadora del Festival de Narración oral Cardemots. 

Para mí, Alícia es, sobre todo, una activista de la cultura, que allí donde siembra su entusiasmo, podremos estar seguros de que cultivará un espacio dedicado a las palabras y a las artes escénicas. Detrás de ella, encontraremos un montón de personas sedientas de asombro, que la seguirán donde haga falta, para acabar plenos de ese alimento indispensable para el alma: el arte.




¿Alícia, cómo nace en ti esa semilla creativa que te ha hecho explorar las artes escénicas? 


Lo primero que me viene, es mi imagen, de pequeña, delante de un mueble que había en el comedor, que tenía un espejo enorme, allí empezaba a explicarme historias. Otro lugar al que me gustaba ir mucho, a pesar de que le tenía mucho miedo, era la habitación de mi abuela; que tenía un armario con espejos en forma de dos lunas. En ese espejo yo me podía ver por delante y por detrás. Entonces yo allí comenzaba a ponerme ropas. Pasaba horas y horas allí con mis personajes. Escribir también siempre me ha gustado. Y recuerdo a los 11 años empezar a escribir, como queriendo dejar constancia de mi vida. Mi hermana que trabajaba en una oficina, me regalaba un montón de papeles, y eso era como mi diario. Desde entonces no he parado de escribir. 



¿Cómo fue germinando esa semilla? 


En el colegio comenzábamos hacer cositas de teatro y eso siempre fue un momento de diversión y de creatividad. Salir de mi misma y explorar, eso fue un placer. En Sant Adrià donde yo vivía a los trece años, entré en un centro de excursionistas y no paré de hacer cosas, entre otras cosas, tuvimos un grupo de teatro. 

Después la vida me llevó a una granja escuela, y todas las historias que yo iba escribiendo me encontré que las podía explicar a los niños y niñas. Yo era como un duende que salía en la noche, detrás de un alcornoque milenario enorme, que había; yo esperaba a los niños allí, muerta de miedo (risas), y luego aparecía ese duende que les explicaba historias.   

Con mi primer hijo, el bosque era una fuente de inspiración: los recovecos que nos íbamos encontrando, los túneles naturales… Yo le explicaba historias sobre los guardianes del lugar, creaba personajes e historias. 

Un día en el año 1997, se da la oportunidad de la primera "Hora del Cuento", y es cuando ya comienzo a explicar cuentos de forma profesional. Más adelante en el 2001, algunos padres de la escuela de mi hija, la escuela Dolors Graners, iniciamos lo que sería un grupo de teatro abierto a cualquier persona y esto es 10 de deu teatre, que aún seguimos. Yo siempre he estado al lado de la palabra y el juego. 






¿Cuáles han sido los abonos que te han ayudado a hacer crecer esa creatividad que hay en ti? 


La soledad. En las tardes de siesta, mientras todo el mundo estaba durmiendo, yo leía. El aburrimiento, la curiosidad. Las excursiones con mi padre al bosque. A los 11 años tuve una maestra, Anna Vicent, que también fue como un ventanal de luz en mi vida. Ella nos abrió su corazón y toda su manera de entender la vida y nos preparó para ella. 


¿Cuáles son los  frutos o las flores has recogido con tu trabajo? 

La oralidad estaba muy ligada a mi día a día, sin embargo, cuando tuve consciencia de la profesionalidad de la narración, sentí cierto vértigo. La narración oral y las artes escénicas me han ayudado a vencer esos miedos, esas inseguridades. El arte me ha ayudado a tomar confianza en mí misma, ha sido como una necesidad, pero al mismo tiempo he tenido que romper vestiduras de miedo que llevaba puestas. A través de la narración he conectado con el juego y el placer. Es como sentirse envuelto por algo divino. 


¿Qué valores siembras con lo que haces? 

Conexión, juego y bondad.


¿Cuáles son tu pico y tu pala? ¿Qué herramientas usas para cultivar esos valores?
 
El otro y la curiosidad. Con el Teatro de los Sentidos pude evidenciarlo, en ese trabajo íntimo que se hace de tú a tú. 


Imaginemos que Alícia no es artista escénica, en el imaginario natural, ¿qué serías? ¿Qué tendrías? 

Un bosque. El bosque es mágico, misterioso, salvaje…

Y da miedo…

Tiene sus luces y sus sombras. El bosque te provee de muchos alimentos salvajes: piñones, moras, madroños, bellotas. Me gusta el alimento salvaje. 






lunes, 4 de mayo de 2020

Otra vez, un cuento

Un cuento propio que comparto por aquí para los niños y niñas que están en casa durante estos días tan raros. Esta publicado en mi página de Facebook donde encontraréis otras historias y apuntes.
¡Qué lo disfruten!

El barco de María Isabel












martes, 1 de mayo de 2018

Había una única vez, Cuentos bajo la Sombra


En sábado pasado fui a La Casa de los Cuentos en Barcelona a ver una actuación única, especial. Allí se encontraron, después de 31 años Gilda Beraha, Cheo Carvajal y Rubén Martínez, integrantes del mítico grupo de narradores Cuentos bajo la Sombra

En la década de los años 80, cada martes, sin falta, estos tres juglares se juntaban en Tierra de Nadie, lugar que todos los ucevistas conocemos de sobra. Contar, recitar y cantar era su quehacer; bajo la sombra de un hermoso árbol daban refugio y abrigo a la palabra. 

Cuando yo entré a la universidad ya ellos no estaban, pero su recuerdo perduraba entre anécdotas y ficciones de muchas personas. Era como si el aliento de sus cuentos, tantas veces narrados, se había quedado allí en la memoria de aquel espacio para siempre. Ahora ellos, también, eran un cuento.

Han pasado más de treinta años desde que el grupo abrió un espacio para la palabra en la Universidad Central de Venezuela, creando, tal vez inconscientemente, un espacio cultural que quedaría de forma tácita allí para los nuevos estudiantes, quienes añorábamos haber vivido aquella época.

El sábado, lo conseguí, porque las circunstancias lo permitieron, porque la solidaridad lo hizo posible. Ellos, volvieron. Hicieron una única actuación cuya taquilla fue destinada a la Asociación Ven Da Tu Mano, quienes, entre otras labores, suministran medicamentos a pacientes en Venezuela.


No estaban bajo un frondoso árbol, no estaban en Venezuela, no estaban en la UCV, pero si consiguieron crear una Tierra de Nadie.

Ese día, que yo estaba vacía de tanta nostalgia, que necesitaba con urgencia de mi palabra, esa que se pronuncia sin zeta y sin c; llegué  hasta allí con el corazón abierto, dispuesta a dejarme querer por mi acento y, a por fin, escuchar aquellos cuentos.

Escuché atenta, escuché precisa, escuché sin prisa. El regalo de cada narración iluminaba los rostros de nativos y extranjeros, porque esta vez, y solo por aquel breve espacio de tiempo, eran otros los que venían de fuera, los que no entendían referencias o el lenguaje coloquial.



Sentirme en mi tierra, en aquella Tierra de Nadie; eso consiguieron estos tres narradores con su tono y su estilo. Con sus canciones, su ritmo, su andar, su son, su voz.  

Para muchos de los presentes, Cuentos bajo la Sombra fue sentirnos en esa Venezuela que perdimos, en esa Venezuela que sólo podemos recuperar por instantes, en esa Venezuela que añoramos todos, los de fuera y los de dentro, los que estamos arriba o abajo, los que desperdigados por el mundo nos aferramos a la palabra para volver.

Gracias Rubén, gracias Cheo, gracias Gilda, por lo que crearon ayer bajo ese árbol y por los que aún sigue dando sombra, y a su vez, calor a tantos. Gracias, pues, por hacerme sentir que yo soy la de siempre.




lunes, 22 de mayo de 2017

El bosque solitario y soleado de Alekos

 
Cuando Alekos se fue a vivir a Esparraguera le pregunté:
 
“¿Qué echas de menos de Barcelona?”

Y me respondió:
“Las basuras, brujita. Allí uno encuentra tesoritos.”

Resultado de imagen de alekos cuentos

 
 

 
Alekos, es de todo un poco: le pone color a las palabras, canta dibujos, escribe fotografías y narra sus andanzas por éste mundo y tantos otros.
Alekos es mi amigo desde hace muchos años. Desde que vi un cartel suyo en Venezuela y me quedé enamorada de sus dibujos. Unos diez años después lo conocí en persona, me dijeron: “Éste es Alekos”. Y yo dije: “¡Claro! Alekos”. Él me sonrió y nos reconocimos pa’ siempre.

 Lo que más me gusta de Alekos es que sobre todas las cosas que es y de las que trabaja, para mi él es un auténtico poeta. 
  

Alekos, después de vivir una quincena de años por este lado del mundo, volvió a Colombia. Antes de irse me regaló ésta entrevista, qué suerte tengo y qué suerte tienen los colombianos de volver a tenerlo cultivando poesía por aquellas tierras tan fértiles.

¿De dónde viene la semilla de esa capacidad que tienes para ser músico, para ser actor, para ser narrador, para ser ilustrador…?
Esa es una cosa muy difícil de definir, pero, en estos días hablaba con alguien y cada uno decía: “la época mejor de mi vida… tal… tal”…Yo creo que la época mejor de mi vida es ésta, pero, esa base, esa semilla está en mi infancia. El haber nacido en una casa con animales hecha por mi padre, de carpintería. Una casa campesina a las afueras de Bogotá. Pasar bien esa época con una creatividad popular agregada, yo creo que fue la base de todo porque la adolescencia me tocó muy peleada.
Me tocó pelear contra los curas, que me cortaban el pelo, me quitaban las cosas… Eso también te forja, pero allí no hay mucho espacio de creatividad. Aunque allí me encontré, por ejemplo, el primer elemento: la pintura.
Lo que a mí me pasa es que yo cojo algo, me gusta y se me queda conmigo. Hay gente que hace algo, lo hace y luego lo olvida. A mí se me queda, lo primero que cogí fue el dibujo, la pintura… Mi padre me ayudaba porque era calígrafo y medio pintor.
Entonces, resumiendo: la infancia como un periodo de latencia allí, de algo que se prepara. Lo que allí se prepara se queda. El bachillerato como de lucha… y luego en los años 80 se me empezaron a cruzar las artes. Estaba ya metido en la pintura, el diseño, pero se metió la música por allí, se me metió el teatro, los cuentos, se fueron conjugando y ahí ya no hubo salvación.

¿Tu padre también hacía muchas cosas?
Mi padre era un siete oficios. Era carpintero. Trabajaba en una empresa litográfica, era traductor de inglés y francés...aprendió leyendo pocketbook en los autobuses… 

¿Cómo germinó la semilla?
El hecho de salir de un colegio de curas y entrar a una universidad pública: ARTES. Un cambio tan bestia, tan extraño, porque además yo estaba metido en política en esa época, pero eso fue una diáspora.
Por ponerte un ejemplo chiquitico: yo entré a estudiar primero sociología porque quería cambiar el mundo. Mi padre me dijo: “usted estudie lo que quiera, pero yo creo que usted es artista”. Al año me cambié, entré a artes, el diseño no me gustaba mucho, me gustaba más el ambiente de los pintores, entonces tenía una amiga pintora y le dije: “déjeme entrar y estudiar un poquito”. Me metí allí a fondo con los pintores, terminé estudiando pintura mural, pintura de caballete grabado… y todo eso va agregando, yo fui agregando, agregando, por ahí me metí con la música, me metí con el folklore, trabajé con un viejo floklorologo  maravilloso de Colombia que me llevó por los pueblitos. Toda esa cultura popular también es un tesoro. Todo eso yo lo fui acumulando adentro. Todo eso fue saliendo, con el tiempo.
Cuando yo me siento mejor es ahora que puedo conjugar todo eso, que me encuentro con ese tejido, más lo que viene ahora con la cosa digital… es un agregado que cojo por las uñas…
Otra cosa es que me gusta trabajar con gente, con amigos, soy muy dúctil en eso. Sentir no competir con el compañero sino hacer moñona, hacer piña, que dicen aquí… Entonces, esas cosas también te enseñan mucho en la vida… Contigo hemos trabajado… por lo menos un momento de la vida y todo eso se agrega…

"...y aguamarina para inundar de esperanza este bosque desolado"
(Fragmento de una de mis poesías ilustrada por ALEKOS)