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miércoles, 14 de junio de 2017

Armando Reverón: la vuelta al barro

Hace unas semanas, a través del incontable envío de imágenes que llegan por whatsapp, recibí una maravillosa obra: LIBERTAD, del maestro Armando Villalón, quien se manifiesta en un cuadro histórico, evocando la multitud de venezolanos que hoy persiguen la luz de una Venezuela libre.

Gracias a Villalón, busqué a ese otro Armando que habitaba en mi recuerdo: Armando Reverón.

Recordé aquella visita a la Casa Museo de Armando Reverón, un lugar que respiraba ocre y tierra. Allí se podía sentir la sal del mar caribe y la luz dorada lo atravesaba todo.
 
En aquel momento, yo comenzaba a investigar sobre el teatro de objetos, su potencial en escena, el espacio como materia que narra y aquellas muñecas de Reverón me abrieron un recorrido creativo que salía ya de los lindes del escenario.

El pasado 10 de mayo, fecha de nacimiento de Armado Reverón, se celebró el día nacional del artista plástico en Venezuela.  Homenaje que se viene haciendo desde hace varios años en respeto a su legado. Toda una ironía, pues El Castillete, lugar de creación de Reverón, sigue sin tener el espacio cultural que le corresponde en Macuto, después de diecisiete años que una tragedia natural lo devastara.  
 
Playa de Macuto. Armando Reverón (1940)

También ese día se cumplieron cuarenta días de protestas y se realizó una marcha multitudinaria de opositores en la que, tal vez, habría participado Reverón de estar vivo. Quién sabe. Me gusta imaginar cómo hubiese construido un escudo para defenderse de los perdigones y las balas, que no faltan, con restos de cartón piedra y latón oxidado. Quién sabe. Tal vez, iría acompañado de una de sus muñecas. Quién sabe.

Lo que sí es una certeza, es que con la desaparición física de El Castillete y de las instalaciones que lo elevaron a la dignidad de museo, Venezuela perdió uno de los iconos más importantes de las artes plásticas nacionales.

El Castillete fue un espacio de encuentro y de recreación, de investigación y de participación comunitaria, uno de los pocos de la zona de Macuto.  Ese legado latente que dejó Reverón, quedó en la memoria colectiva y dio paso a las acciones emprendidas por movimientos comunales y  personas agenas al gobierno a una lucha para desenterrar del barro la herencia cultural de Reverón.

Desde esta distancia, no sólo física, sino temporal, que es tal vez la verdadera distancia, me permito decir que la obra de Reverón sigue viva, pero su lugar de creación ha muerto para siempre.

Aquel espacio sagrado sólo podía seguir produciendo metáforas mientras su creador caminara, cantara y representara su papel de cómico en beneficio de las artes plásticas.


Reverón en El Castillete. Archivos Fundación Fotografía Urbana

Su aislamiento en El Castillete,  lo devolvió al mundo como un “loco”, un artista excéntrico sin ser ese su propósito. Su obra pictórica caleidoscópica y vibrante es la única prueba de su genio. Cada línea, cada composición, cada ruta diseñada en el cuadro deja entrever la calidad de su trazo, la resolutiva y desenvuelta forma de crear, su consecuente búsqueda y su afable disposición frente a la producción estética.
Los objetos que creó, en aquel su mundo, pierden valor fuera de éste, pero nos llevan sin regreso a un mundo apasionado, un no lugar, una cárcel abierta al cielo. Dentro del su Castillete, Reverón podía andar con la libertad que no encontraba en las aceras de una sociedad que oprime y desecha a quienes no encajan en sus códigos. En pleno siglo XXI, La sociedad ha cambiado, pero la opresión no.

Reverón recogió los desechos de su tiempo y los elevó a su mundo poético, con ellos construyó sus fantasías, pero no desde la ingenuidad, sino desde esa capacidad esculpida que tenía para representar a través de los materiales su visión del mundo.

Fotografía de Luis Britto. Archivos Fundación Fotografía Urbana

El gobierno venezolano actual, ciego en su discurso nacionalista, lo ha rescatado como un representante del pueblo. Tal vez, malentendiendo la sencillez de su vida. Ciegos e irreflexivos, son incapaces de ver la complejidad que habitaba en el interior de Reverón. Una mirada desde dentro y hacia fuera que acompañó a Reverón en su obra y que lo llevó paso a paso a ser considerado un creador modelo y universal mucho antes de que el llamado socialismo cercara las costas venezolanas.
Actualmente y después de mucha dejación, después de luchas comunales, después de mucho llover, después de mucho barro, el terreno donde Reverón construyó su morada se empieza a "recrear". Temo que la recreación de ese lugar que yo conocí, no sea ni por asomo lo que Reverón creó con sus manos. Ciertamente, su conservación es un hecho indispensable para el acervo cultural venezolano, es una deuda atrasada e impuesta, pero allí no habitará la mirada de Reverón. La naturaleza se ocupó de borrar su mundo, lo devolvió al barro, el mismo que Reverón arañaba en sus cuadros en busca de la luz.

La misma luz bajo la cual hoy los venezolanos buscan la libertad y que otro pintor, otro maestro, otro Armando, expresa.

 Libertad. Armando Villalón (2017)



lunes, 22 de mayo de 2017

El bosque solitario y soleado de Alekos

 
Cuando Alekos se fue a vivir a Esparraguera le pregunté:
 
“¿Qué echas de menos de Barcelona?”

Y me respondió:
“Las basuras, brujita. Allí uno encuentra tesoritos.”

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Alekos, es de todo un poco: le pone color a las palabras, canta dibujos, escribe fotografías y narra sus andanzas por éste mundo y tantos otros.
Alekos es mi amigo desde hace muchos años. Desde que vi un cartel suyo en Venezuela y me quedé enamorada de sus dibujos. Unos diez años después lo conocí en persona, me dijeron: “Éste es Alekos”. Y yo dije: “¡Claro! Alekos”. Él me sonrió y nos reconocimos pa’ siempre.

 Lo que más me gusta de Alekos es que sobre todas las cosas que es y de las que trabaja, para mi él es un auténtico poeta. 
  

Alekos, después de vivir una quincena de años por este lado del mundo, volvió a Colombia. Antes de irse me regaló ésta entrevista, qué suerte tengo y qué suerte tienen los colombianos de volver a tenerlo cultivando poesía por aquellas tierras tan fértiles.

¿De dónde viene la semilla de esa capacidad que tienes para ser músico, para ser actor, para ser narrador, para ser ilustrador…?
Esa es una cosa muy difícil de definir, pero, en estos días hablaba con alguien y cada uno decía: “la época mejor de mi vida… tal… tal”…Yo creo que la época mejor de mi vida es ésta, pero, esa base, esa semilla está en mi infancia. El haber nacido en una casa con animales hecha por mi padre, de carpintería. Una casa campesina a las afueras de Bogotá. Pasar bien esa época con una creatividad popular agregada, yo creo que fue la base de todo porque la adolescencia me tocó muy peleada.
Me tocó pelear contra los curas, que me cortaban el pelo, me quitaban las cosas… Eso también te forja, pero allí no hay mucho espacio de creatividad. Aunque allí me encontré, por ejemplo, el primer elemento: la pintura.
Lo que a mí me pasa es que yo cojo algo, me gusta y se me queda conmigo. Hay gente que hace algo, lo hace y luego lo olvida. A mí se me queda, lo primero que cogí fue el dibujo, la pintura… Mi padre me ayudaba porque era calígrafo y medio pintor.
Entonces, resumiendo: la infancia como un periodo de latencia allí, de algo que se prepara. Lo que allí se prepara se queda. El bachillerato como de lucha… y luego en los años 80 se me empezaron a cruzar las artes. Estaba ya metido en la pintura, el diseño, pero se metió la música por allí, se me metió el teatro, los cuentos, se fueron conjugando y ahí ya no hubo salvación.

¿Tu padre también hacía muchas cosas?
Mi padre era un siete oficios. Era carpintero. Trabajaba en una empresa litográfica, era traductor de inglés y francés...aprendió leyendo pocketbook en los autobuses… 

¿Cómo germinó la semilla?
El hecho de salir de un colegio de curas y entrar a una universidad pública: ARTES. Un cambio tan bestia, tan extraño, porque además yo estaba metido en política en esa época, pero eso fue una diáspora.
Por ponerte un ejemplo chiquitico: yo entré a estudiar primero sociología porque quería cambiar el mundo. Mi padre me dijo: “usted estudie lo que quiera, pero yo creo que usted es artista”. Al año me cambié, entré a artes, el diseño no me gustaba mucho, me gustaba más el ambiente de los pintores, entonces tenía una amiga pintora y le dije: “déjeme entrar y estudiar un poquito”. Me metí allí a fondo con los pintores, terminé estudiando pintura mural, pintura de caballete grabado… y todo eso va agregando, yo fui agregando, agregando, por ahí me metí con la música, me metí con el folklore, trabajé con un viejo floklorologo  maravilloso de Colombia que me llevó por los pueblitos. Toda esa cultura popular también es un tesoro. Todo eso yo lo fui acumulando adentro. Todo eso fue saliendo, con el tiempo.
Cuando yo me siento mejor es ahora que puedo conjugar todo eso, que me encuentro con ese tejido, más lo que viene ahora con la cosa digital… es un agregado que cojo por las uñas…
Otra cosa es que me gusta trabajar con gente, con amigos, soy muy dúctil en eso. Sentir no competir con el compañero sino hacer moñona, hacer piña, que dicen aquí… Entonces, esas cosas también te enseñan mucho en la vida… Contigo hemos trabajado… por lo menos un momento de la vida y todo eso se agrega…

"...y aguamarina para inundar de esperanza este bosque desolado"
(Fragmento de una de mis poesías ilustrada por ALEKOS)