Mostrando entradas con la etiqueta Irma Borges. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Irma Borges. Mostrar todas las entradas

lunes, 4 de mayo de 2020

Otra vez, un cuento

Un cuento propio que comparto por aquí para los niños y niñas que están en casa durante estos días tan raros. Esta publicado en mi página de Facebook donde encontraréis otras historias y apuntes.
¡Qué lo disfruten!

El barco de María Isabel












miércoles, 15 de abril de 2020

Un refugio sin corazas


“La cibercomunidad naciente encuentra refugio en la realidad virtual, mientras las ciudades tienden a convertirse en inmensos desiertos llenos de gente, donde cada cual vela por su santo y está cada cual metido en su propia burbuja.”


Eduardo Galeano




Ya tenemos un mes en casa. La palabra confinamiento forma parte de nuestro cotidiano. Se instaló como una orden más, de esas que vamos asimilando poco a poco, sólo que ésta llegó un día y se quedó.  Me pregunto: ¿Cómo regresaremos a aquella vertiginosa rutina? ¿Cómo salvaremos la distancia social que se nos han impuesto? ¿Cómo aprenderemos a reconstruirnos, a reinventarnos? ¿En qué medida sabremos quitarnos esta coraza que nos protege? ¿Dónde guardaremos el miedo? 

Cuando tenía trece años viví el Caracazo. Fue la primera vez que vi militares en las calles de Caracas sin que su presencia no formara parte de un desfile, de una coreografía, por alguna fecha patria.  Aquel caos encendió en llamas una fábrica que lindaba pared con pared con la casa donde vivíamos alquilados. Así que los cimientos empezaron a resquebrajarse, y la erosión hizo que no fuera seguro que siguiéramos allí. Había toque de queda.  Mi cuñado vino como un superhéroe a rescatarnos. Huimos. Y nos fuimos al paraíso: El Ávila. Mi casa. 




Una vez allí, el ritmo cambió. Los paseos tranquilos por el terreno, el reposo sobre una piedra mirando el mar, el sonido de la naturaleza re-emplazando aquel alboroto de gentes de donde veníamos. El tiempo se detenía antes mis ojos. 

Tres años más tarde vivimos el golpe de Estado que dio Chávez. Otra vez vuelta al Ávila con prisa. Cargados de incertidumbre. Y otra vez el silencio, la tranquilidad que brinda observar la naturaleza quieta, imperecedera. En mi casa del Ávila siempre fue fácil respirar.



También vivimos el deslave de La Guaira en 1999. Cada vez que había una hecatombe, una catástrofe, nuestro refugio seguía siendo El Ávila. Me alegro tanto que mi padre nunca se desprendiera de ese terrenito. 

Echo de menos el olor de la mañana, el calor intenso de mediodía, y el momento en que la noche refrescaba y me ponía un suéter porque se erizaba la piel. 



Ahora, que me parece que el fin del mundo llegó, o al menos algo raro y parecido a lo que había imaginado como cambio radical; estoy en un pisito, bonito, con terraza, pero sin tierra. No puedo ir a mi refugio.  

Echo de menos caminar por la carretera, ver las montañas y el mar. Perder la mirada en el infinito,  extender los instantes, dejar pasar el día sin ninguna novedad más que el aguacate en flor, el mango maduro, el durazno jojoto. 



Allí yo me sentía segura. La naturaleza me mostraba, con su tranquilo respirar, que ella seguiría estando pese a cualquier cambio que a mí me afectara. Ella crecía y se transformaba sin coraza, seguía palpitando pese a tantos debacles. 

Agradezco este involuntario parón, porque sin él no hubiera hecho esas cosas apartadas en los rincones desde hacía cantidad de años. No habría tenido el tiempo para escucharme, reflexionar sin miedo, pensar sin prisa. Dejar rebotar ideas en mi cabeza. He tenido tiempo  para hablar de temas pendientes, para llamar a amigos cercanos y saber de otros que viven lejos. Para limpiar armarios y cambiar espacios por fuera y por dentro. Sin embargo, quisiera estar en mi refugio. 




El Ávila es mi refugio. Ese lugar que guardamos en nuestra memoria como insondable, indestructible, donde buscamos protección. Cada uno tiene el suyo. El mío es aquel, la sencilla casa de mi infancia rodeada de montañas. Me gustaría volver a mi refugio, pero no puedo. Ahora no. 

Respiro, me echo en la improvisada hamaca que colgamos en la minúscula terraza de mi casa, miro el cielo, y dejo que vuelen esos recuerdos que me llevan hasta mi refugio. La naturaleza no la puede reemplazar ninguna pantalla. 




martes, 23 de abril de 2019

Al pasar la barca

  

Para Isa, en su cumpleaños, que también soñó con construir su barco, salió a navegar y fue la primera en darle voz y cuerpo a este cuento de mi propia cosecha. ¡Feliz Sant Jordi!


            María Isabel era una niña que vivía cerca del mar. Todas las tardes se sentaba en una piedra y soñaba con navegar en un barco hacia lejanas tierras, ésas que decían los mayores quedaban a la otra orilla del azul aguamarina.

            El día que cumplió seis años, María Isabel abrió su alcancía y sacó las monedas que tenía guardadas desde hacía 2.191 días, es decir, desde que nació. Con esas monedas compraría un barco para hacer realidad su sueño: salir a navegar.

            Pronto se dio cuenta que eso no sería posible, porque los barcos son muy caros, carísimos. Entonces tuvo una idea genial: ella misma construiría su barco.

            Juntó sus monedas y se fue a la tienda donde solía comprar materiales para hacer sus dibujos y maquetas. Compró: maderas, papel, tijeras, cordones de colores y se puso ¡manos a la obra! Se sentó sobre su piedra y empezó a soñar cómo sería su barco.

Ilustración de Debby Holzman y Cristina Rodríguez

            De pronto, vio cómo desde la distancia se acercaba lentamente una tortuga:

            -¿Qué haces niña?
            - Estoy soñando cómo será mi barco.
            -Si lo que necesitas es tiempo para soñar, yo te lo puedo dar.

            La tortuga se tumbó allí, muy paciente, porque sabía que María Isabel seguiría soñando por muchos años más.
            Poco después, María Isabel escuchó unos pasos muy pesados y firmes, era un elefante que pasaba a su lado:

             -¿Qué haces niña?
            -Estoy empezando a construir mi propio barco.
            -Si lo que necesitas es fuerza para empezar yo te puedo ayudar.

            El elefante se quedó allí firme y seguro, para que María Isabel recordara que tenía la fuerza suficiente para seguir construyendo su barco.

            Luego, unos pasos ligeros sorprendieron a María Isabel. Era una jirafa alta y coqueta:

            -¿Qué haces pequeña?
            - Estoy construyendo mi propio barco.
            -Si quieres que quede bonito, yo te puedo ayudar.

Isabela Méndez interpretando Al pasar la barca

            Y así la jirafa se metió en el barco que María Isabel estaba construyendo y lo adornó con su belleza.

            Siguió María Isabel trabajando en su barco cuando escuchó que alguien se reía muy cerca de su oreja. Era un monito muy simpático:

            -¿Qué haces niña? ¿Qué haces?
            -Estoy poniendo bonito mi barco.
            -Sí, sí, sí, sí. Está muy mono. ¡Está muy mono!

            Decía el monito  mientras saltaba de un lado al otro y reía sin parar. De pronto, el mono se detuvo y observó el barco y a los animales: La tortuga estaba dormida, el elefante estaba serio y callado, la Jirafa no hacía otra cosa que mirarse en el espejo. El mono inmediatamente se dio cuenta de que faltaba algo:

            -Está muy bonito, pero con eso no basta. Creo que necesitas reír en tu barco, si    quieres yo lo puedo intentar.

            Y muy hábilmente trepó por el cuello de la jirafa y empezó a decirle algo a la oreja,  luego al elefante y a la tortuga, y por último a María Isabel. Entonces la risa contagió a todos y así el mono quedó convencido de que con su buen humor en el barco de María Isabel nunca habitaría la tristeza.

            Estaba María Isabel riendo a carcajadas cuando miró hacia el cielo y vio en alto unas ovejas. Las llamó y ellas se acercaron con flotando.

           -¿Qué hacéis allí arriba? -preguntó la niña.
           -Bééé… Béee… Estamos jugando a ser nubes… Bééés… Béees… ¿No ves?  ¿No ves?        
           -¡Eso es imposible! ¡Sois ovejas!

             Las ovejas se miraron y le respondieron:
            -Si lo que necesitas es jugar y soñar, nosotras te vamos a acompañar.
             
            Entonces, las ovejas escondieron sus patitas y así parecían realmente algodones de azúcar flotando en un cielo limpio.

            María Isabel miró a su alrededor, estaba rodeada de sus amigos, tenía mucha fuerza, se sentía una niña bonita y quería continuar riendo y jugando. Y así fue como soltó los cabos que ataban su barco y comenzó a navegar.



Figuras realizadas a mano por Debby Holzman

Al pasar la barca texto e idea original de Irma Borges

viernes, 29 de marzo de 2019

Detrás de La Tempestad hay un encuentro creativo


¿De dónde viene esta Tempestad?

En mayo del año pasado recibí una inesperada llamada de Heli Berti, productor venezolano, con quien había tenido el gusto de trabajar en Caracas hace ya unos 20 años. Heli me preguntó si tenía alguna versión para niños de un clásico.

—No—fue mi respuesta
—¿La harías para mí?
— ¡Claro!

Mi experiencia de trabajo con Heli, ha sido excelente. Es un productor que piensa en todos los detalles, incansable, sensible, arriesgado, cuida de su equipo y es capaz de ver el alcance de las buenas ideas. 

Me dijo que quería una versión de La Tempestad de Shakespeare.  Me encantó, porque era la ocasión de revisar ese clásico, estudiarlo y buscar un lenguaje adecuado para llevarlo a la experiencia de los niños y niñas.

En otra conversación Heli me comentó que la dirección escénica estaría a cargo de Vicente Albarracín. Hace unos veinte años cuando yo caminaba las calles de Caracas, Heli y Vicente me dieron la oportunidad de formar parte de su equipo en el Teatro Tilingo, primero como coordinadora de talleres y de funciones escolares; después como actriz. Tengo un gratísimo recuerdo de aquella experiencia. Yo, en aquella época, soñaba con trabajar con Vicente.



Actores y actrices en el trabajo de mesa con Vicente Albarracín

Admiro a Vicente como director, pues sabe sacar provecho a cada espacio, a cada elemento. Sabe llevar a escena de forma curiosa y atractiva hasta el texto más soporífero. Vicente tiene una gran capacidad de control y diseño del espacio escénico, es metódico y con gran sentido del humor.

Recuerdo su montaje Concierto Barroco basado en la novela de Alejo Carpentier. Era la primera vez que yo veía una puesta en escena en un lugar no convencional. Fue en los sótanos del Teatro Teresa Carreño de Caracas. Allí Vicente supo combinar todos los elementos escénicos para que los espectadores tuviéramos una experiencia más que teatral, y pudiéramos llevarnos la esencia de la novela de Carpentier en todos nuestros sentidos.

Después de un casting, conseguí trabajar en dos proyectos dirigidos por Vicente y producidos por Heli. Primero, interpreté a Lisa en el re-montaje de El viaje de Pedro el afortunado obra de August Strindberg  y posteriormente  protagonicé Teresita una obra escrita por el propio Heli Berti que rememora la niñez de la pianista venezolana Teresa Carreño. Con esta obra pude despedirme de la manera más sublime de la escena caraqueña.


Foto del montaje de Teresita año 2001


Nuestra Tempestad


Comencé la adaptación de La Tempestad después de algunas reuniones donde acordamos qué se buscaba transmitir, objetivos fundamentales, elementos en juego, equipo. Mi versión fue recibida con entusiasmo y gran motivación por parte Heli y Vicente. 

Estos son algunos apuntes sobre la adaptación: 

La Tempestad es considerada la última pieza escrita por William Shakespeare. En esta obra se cuenta la historia de un duque llamado Próspero quien, interesado en la magia, descuida sus responsabilidades con la corte. Su hermano Antonio se aprovecha de esa situación y lo destierra junto a su hija Miranda, quedándose él con el ducado. 

La Tempestad es una historia llena de magia, donde los seres fantásticos son parte esencial para la resolución de los conflictos humanos. En nuestra tempestad una duquesa y su hija son desterradas a una isla encantada. Años más tarde, llegan a esa misma isla los responsables de su destierro. La música y los elementos mágicos guían a los protagonistas por el camino de la reconciliación. El humor, representado por un bufón y otros personajes mágicos, es clave para conectar al público infantil con este clásico de la literatura. Es una historia donde la justicia y el amor triunfan para el bien común.






Los personajes mágicos presentes en el texto original, han sido un elemento fundamental en la selección de esta pieza para su adaptación al público infantil, pues su imaginario es propio del universo de los niños. El hilo argumental propuesto por Shakespeare lo hemos llevado a la sencillez, para que sea más accesible al público infantil. Igualmente, hemos rescatado los valores esenciales presentes en la obra original para llevar un mensaje de fraternidad y justicia a los niños.

Se han mantenido los cinco actos propios de la estructura del Teatro Isabelino y se ha potenciado la presencia del personaje de Próspera como guía y narradora de la historia, para favorecer su vínculo con los espectadores.


Ensayos de La Tempestad en el centro Próspera interpretada por Sonya Smith


La tripulación


Antes de empezar los ensayos, en una reunión con el equipo de producción pude sentir que estaba en el lugar apropiado, jugando el papel que me tocaba y con un equipo fantástico. Heli había conseguido en muy poco tiempo “embarcar” a los profesionales adecuados para llegar a buen puerto este nuevo proyecto. 

Tuve la alegría de saber que Olivia Spiteri, haría el vestuario.  Olivia había estado también en el equipo de Teresita y El viaje de Pedro afortunado, y sólo puedo decir que su criterio estético es impecable. Cuida cada detalle en el maquillaje y el vestuario. Es exigente, creativa y efusiva. 

El trabajo que ha hecho en La Tempestad con material reciclado es fantástico y el público puede llevarse el magnifico mensaje de poder hacer cosas hermosas con material de desecho. 

La Tempestad cuenta con intérpretes como  Karla Monroig, Sonya Smith, Maru Holloway, Gisella Aboumrad, Mariana Campos, Leonardo Van Schermbeek, Héctor Durán, Karlos Anzalotta, Kevin Rubi, Sthephie Torres, Camila SisoHilel Potaznik; actores y actrices de gran trayectoria, que a día de hoy están apostando por participar en un proyecto cultural que ambiciona acercar los clásicos de la literatura universal al público infantil.





Durante este año, desde la distancia, he seguido en proceso de creación de La Tempestad, he compartido la ilusión de Heli y Vicente en el proyecto. He visto cómo pese a cualquier “tempestad” han conseguido llevar la embarcación a buen puerto.  Mañana 30 de marzo cuando La Tempestad llegue al Bayfront Park de Miami, podremos disfrutar del resultado de la magia real que pone cada profesional implicado en este montaje para llevar teatro de calidad a los niños y niñas de Florida. 

Mi agradecimiento a todo ese equipo de producción que no ha descansado hasta conseguir dar forma a este montaje. 

Gracias Heli y Vicente por darme de nuevo la oportunidad estar junto a vosotros en Shakespeare and Friends. Gracias por invitarme a crear esta “tempestad” aun estando al otro lado del mar. GRACIAS porque crear con ustedes es sentirse un poco en nuestra amada Venezuela.  





viernes, 14 de diciembre de 2018

Sótanos que se resisten al silencio: El Chichón cumple 40 años*



Para Alejandra Gugliotta, Adimar Charles, María Fernanda Romero, Rubén Martínez Santana y todos los ex-chichones y chichones que pusieron su “granito de arena” para celebrar los 40 años de nuestro grupo.

A Dewis, GRACIAS, por seguir...




Cuando empecé a estudiar Artes en la Universidad Central de Venezuela, vi unos carteles pegados en los pasillos, donde se anunciaba que se abrían audiciones, para participar en el Teatro Universitario para Niños El Chichón. Decidí hacer la audición con un texto de El Día que me Quieras de José Ignacio Cabrujas. Fue tan bonito, aún recuerdo parte del monólogo de Elvira: “¿Vieron las banderas? Dios mío uno podría morirse viendo las banderas. Él no….” Qué curioso, justamente una obra cuyos personajes se debaten entre una dictadura y el sueño socialista… ¡Qué grande Cabrujas! Pero este no es el tema… el tema es El Chichón.

Sin duda, mi paso por la UCV no hubiese sido tan entrañable de no haber pasado esa audición; de no haber participado activamente en El Chichón, de no haber respirado el ambiente de aquel sótano del Aula Magna donde ensayábamos, rebuscábamos entre vestuarios y escenografías, archivábamos documentos y obras de teatro, escribíamos la revista El Chichón de Papel, preparábamos gacetillas de prensa… Porque El Chichón era (ojalá sea aún) más que un grupo de teatro. Era un espacio que te hacía participar en todos los procesos de creación de una obra teatral, y aunque era y es “amateur” la verdad es que quienes nos implicábamos, pasábamos allí más horas que las que dedicábamos a nuestras carreras universitarias.

Este año, El Chichón cumplió 40 años, y yo desde ésta distancia siento una tremenda deuda por todo lo que recibí. 

Justo en la época de navidad, preparábamos cuentos para La Patinata, actividades para La Carta al Niño Jesús que escribían los niños y niñas en la Plaza del Rectorado... Y en los ratos de ocio con mis compañeros, imitábamos los anuncios de los canales de televisión; hacíamos el divertido "amigo secreto" y las bromas típicas entre magallaneros y aficionados a Los Leones del Caracas, equipos de béisbol venezolano. Hasta nos quedábamos a dormir en el local, para ser los primeros en tomar chocolate caliente en la mañana, el día de la tradicional Patinata. Era una época de bonanza, de celebración, de dar.


Chao, Sr. Miedo (1996, obra con la que gané el Premio mejor actriz del TIN)


Cuando Dewis Durán, actor y director en El Chichón, me escribió para pedirme un vídeo en conmemoración a los 40 años del grupo, fue una alegría.  Los recuerdos llegaron a borbotones y el entusiasmo de aquella época regresó intacto.

Recordé aquella rampa por la que bajé deslizándome incontables veces al sótano del Aula Magna para ensayar; el olor a humedad, que al principio costaba de respirar y luego se hacía tan familiar. Recordé los pasillos donde pintamos los logos de los grupos artísticos que dependen de la Dirección de Cultura de la UCV, las puertas de nuestros vecinos: Cantalicio, La Trapatiesta, Pisorrojo, Teatro Universitario. Recordé los viajes a otros lugares de Venezuela en los incómodos autobuses estudiantiles, y los viajes fuera del país para participar en festivales. Los Premios TIN...

Recordé personas: amigos, dramaturgos, directores, coreógrafos, vestuaristas, utileros,  escenógrafos, músicos, actores y actrices con quienes compartí un tiempo de mucha calidad. Recordé los estrenos en el Auditorio, el olor a madera, los asientos, las nubes de Calder; las noches de ensayo general hasta las tantas y el misterio del desaparecido Orfeón que se escuchaba después de las doce de la noche tocando en el Aula Magna.

Recordé una época en la que hice acopio de experiencias que me han servido durante toda mi carrera. Para mí, la estancia en El Chichón, fue la semilla que hizo crecer un frondoso árbol creativo que me da sombra, frutos y flores cuando lo necesito.


Cajita de Arrayanes (1988) 


Por eso, GRACIAS CHICHÓN. Gracias Armando Carías, Morelba Domínguez, Juanacho y a todos los que iniciaron esa aventura, por haber plantado la semilla de ese árbol que nos acobijó a tantos estudiantes de la UCV. Gracias por darnos la posibilidad de ser reproductores de esa semilla en otros lugares del mundo. 

El Chichón fue mi casa durante más de cinco años, celebro que esa casa siga existiendo pese a los vendavales políticos que atraviesa nuestro país. Celebro que haya personas que aún se deslicen por la rampa que baja hasta los sótanos del Aula Magna para ensayar y seguir creando, aún en la más absoluta austeridad, teatro para niños y niñas de calidad. Celebro que haya jóvenes en Venezuela que permita que El Chichón siga golpeando ¡Duro y a la cabeza!




Este vídeo lo hicimos Rubén Martínez Santana y yo con mucho cariño para El Chichón en sus 40 años


*Había publicado este artículo sin título porque no me venía nada poético que valiera la pena, hasta que recibí un mail de Dewis Durán agradeciendo el texto con una frase bella: "...me hiciste recordar tantos buenos momentos pasados en esos sótanos ahora no tan bulliciosos pero que se resisten al silencio." Es de Dewis pues, este título. Quedan abiertos los comentarios para quien quiera seguir recordando y alimentando este escrito. 

lunes, 23 de abril de 2018

Runrún

Otra vez Sant Jordi está aquí, cargado de libros, flores y poesía...


Runrún


Quieto.

Silencio.

Corriente.

Zzzzzzzzzzzzzzzzzumbido
runrún.

Trazas sus pasos en el aire,
runrún.

Me levanto
me sigues
¡no me pillas!
Runrún.

Salto
me agacho
canto
runrún.

Giras
giro
bailo
runrún.

Conmigo
te rio
runrún.

Te vas, me alejaste.
Run rún.

Despedirme,
qué triste,
run zún.

Adiózzzzzzz
abejorro
zunzún.

Graciazzzzz
por jugarme
runrún.




Poema de cosecha propia / Ilustración de Nico con sus cinco años. 

viernes, 29 de diciembre de 2017

Tierra adentro...


El día 22 de diciembre recibí un bello regalo pre-navideño. Esa noche, después de un largo día de trabajo en Barcelona, hice una sesión de cuentos en el Pla de la Calma, un lugar en Cardedeu donde la narración oral ha encontrado regocijo y bienestar. Alicia Molina, narradora oral y activista cultural, es la artífice de esta programación que tiene fieles y amables espectadores.

Digo que esta sesión fue un regalo porque pude contar muchos de los cuentos que me han acompañado durante años. Pude contar con ese deje venezolano que tanto añoro y pude compartirlo con un público sensible y respetuoso. Personas que abrieron sus sentidos para entrar en cada historia por lejos que ocurriera de su entorno o de su cultura. Fueron ellos quienes hicieron de Tierra adentro una de las sesiones más especiales que he entramado. Fueron ellos los que me hicieron sentir en casa: en el Ávila donde crecí y en Cardedeu, donde vivo ahora. 



Entre los cuentos del repertorio, incluí uno de José Rafael Pocaterra que estoy segura viene a la memoria de los venezolanos por esta época del año. Es un cuento lleno de ternura y de crueldad. De cálida inocencia y vil sarcasmo social. Es un cuento con el que puedes reír y también inundarte de tristeza. Su protagonista es invisible para muchos y un estorbo para otros, es de esos que reciben el año en la calle, porque sobre sus cabezas soñadoras no existe otro techo que las estrellas. A ellos, les dedico mi versión de Panchito Mandefuá deseando que el 2018 nos regale la utopía de un mundo más justo, más humano, como diría Panchito: ¡Próspero 2018 Archipetaquiremandefuá!


Panchito Mandefuá

Panchito Mandefuá era un granuja billetero, nacido de fulanito con menganita. Como una flor de callejón. Chiquito andrajoso con una desvergüenza de nueve años, que creció haciendo mandados para llevarse algo de comer a la boca.

Como no tenía apellido muchachito inventor, quiso llamarse Mandefuá, porque le sonaba importante y refinado, así la gente creería que él era hijo de un musiú (monsieur) y no de cualquiera.

Se la pasaba con un fajo de billetes aceitosos y un paltó de cachemir cuatro tallas más grande que su delgado cuerpo. Pero con grandes bolsillos donde Panchito podía guardar infinidad de tesoros y un pequeño bolsillo interior que no tenía ni un agujero, orgullo para Panchito, donde escondía sus cigarrillos.  Sin embargo, lo que más preciaba Panchito de su paltó era que lo abrigaba en las frías noches callejeras de enero.

-¡Aquí lo llevo! ¡El número ganador, el que nunca falla ni fallando! ¡Archipetaquiremandefuá!!!

Archipetaquiremandefuá era la palabra que usaba panchito para pregonar los billetes de la lotería, y también para decir todo aquello que le gustaba, que le sorprendía, que le emocionara, que lo asustaba... O cuando necesitaba gritar a los cuatro vientos alguna palabrota… Entonces, archipetaquiremandefuá, encerraba una fórmula anarquista que resumía todas las protestas de su inventor.

Panchito iba una tarde calle arriba, calle abajo pregonando el número ganador como si estuviera viendo la bolita. Era la víspera de la noche buena y ese día estaba de buen humor porque había vendido cinco números enteros y seis décimos, se sentía millonario y pensaba irse esa tarde al circo o al cine para celebrar su triunfo. También quería comer hallacas, ensalada de gallina, pan de jamón y hasta podría alcanzarle para fumarse una cajetilla nueva de marlboros.

De repente se detuvo en una esquina y vio a unos cuantos bribones haciendo círculo alrededor de una niña. Como un héroe sonó: ¡Archipetaquiremandefuá!!!!!

Pero nadie pareció escucharlo. La niña lloraba mientras contemplaba cómo los granujas se comían una bandeja de dulces que se le había caído. Estaban tan buenos que lamían el suelo.

En eso llegó un agente y todos salieron corriendo, menos Panchito y la niña que se quedaron embobados mirándose hasta que el policía los mandó a desalojar la acera por donde pasaban con prisa los transeúntes.

-¿Qué te pasó?-Preguntó Panchito a la niña.-
-Que me tropecé y me caí, y se me cayeron todos los dulces…
-¿Cómo te llamas?
-¿Yo? Margarita.
-¿Y esos dulces eran para tu mamá?
-Yo no tengo mamá. 
-¿Y papá?
-Tampoco.
-¿Y con quién vives?
-Vivo en la casa de una señora que me recogió, trabajo para ellos.
-¿Y te pagan?
-¿Me pagan qué?

Panchito suspiró con ironía, otra cosa no, pero de derechos laborales él sí que sabía.

-¡Guá! ¡Archipetaquiremandefuá! Al que trabaja se le paga.

La niña respondió ofendida:

-Me dan la comida y la ropa. Y me enseñan a leer ¿Tú sabes leer?
-¡Archipetaquiremandefuá! ¡Claroooo!- Gritó Panchito mintiendo sin disimulo- Y además se de números.-Mostrando los billetes- Yo gano para ir al cine, comprar mi comida y fumar.

Dicho esto encendió un cigarrillo, por las dudas.
-Más que pagarme… lo que van a hacer es pegarme.-Rompió a llorar la niña otra vez.-

Panchito se llenó el pecho de generosidad y le preguntó:

-¿Cómo cuántos se te cayeron?
-Aquí tengo la lista-Sacó la niña un papelito arrugao y sucio del bolsillo de su delantal.
-¡Espérame aquí!

Archipetaquiremandefuá, salió Panchito con la bandeja en la mano, corrió calle abajo, calle arriba y un cuarto de hora más tarde estaba al lado de niña con el mandao hecho.           

-¡Mira! ¿Esto jué lo que se te cayó no es gerdá?
           
La niña se le abrazó al cuello y se le iluminó la carita sucia.
           
Panchito acompañó a Margarita hasta su casa, por si acaso se le volvían  a caer los dulces. Por el camino él aprovechó y le contó que tampoco tenía familia, pero que sabía ganarse la vida, que le sobraba la plata.
           
-Aquí es.- Dijo la niña llegando a una casa grande con portón.-
           
Se miraron como quienes se miran en un espejo limpio. Sin saber cómo despedirse.
           
-¿Cómo te pago yo?-Le preguntó la niña con tristeza.-
-Si me das un beso.
-No, no. Eso es malo.
-Archipetaquiremandefuá. ¿Por qué?
-Guá porque sí.

Pero no era Pancho Mandefuá a quién se convencía con un porque sí. Así pues que sujetó los hombros de la niña y le pegó un par de besos llenos de dulce travesura, y tal vez de todo lo que había robado en su vida, eso era lo que más necesitaba.

-¡Archipetaquiremandefuá!-Gritó la niña.-

Estaba como una amapola recién brotada. Cuando de repente de abrió el portón de la casa y la mandaron a entrar entre gritos e insultos.

Panchito se la quedó mirando… Y cuando al fin volvieron sus pies a la tierra, se dio cuenta que era un botarate. No le quedaba ni pa’ la hallaca de noche buena. ¡Quién lo mandaba! Archipetaquiremandefuá.

Sentía desconsuelo y al mismo tiempo loca alegría interior. No olvidaba en medio de su desastre financiero los ojos de Margarita.

-¡Qué carajo! El día de gastar, se gasta. ¡Archipetaquiremandefuá!

Con lo que le sobraba se fue al circo. Cuando salió del espectáculo iba distraído pensando en su menú: “un bollito, un café con leche… como mucho si me alcanza…” Y en medio de sus pensamientos se cruzó un cornetazo brusco. Después, un sonido sordo de esos que nadie quiere escuchar.

Y allí quedó, un cuerpecito frío cubierto con un paltó de hombre.

Cuentan que así fue como esa noche buena Panchito fue invitado por el Niño Jesús a cenar en el mismísimo Cielo.  ¡Archipetaquiremandefuá!

Cuento original de Jose Rafael Pocaterra. Versión de Irma Borges


Resultado de imagen de the kid Chaplin
Imagen de la película The kid. Chaplin